Casa Salesiana Morón de la Frontera

Nuestra historia, tu historia

Nuestra Historia

La casa de Morón de la Frontera inicia su andadura en 1904, cuando la marquesa de Sales, doña María de los Dolores Angulo Rojas, levanta acta de testamento ante el notario de Morón de la Frontera, don Luís Boza Montoto.

De su testamento se desprende claramente la finalidad del mismo: destinar la mayor parte de su herencia al establecimiento de una residencia de padres salesianos para que los niños pobres de esta ciudad puedan recibir educación, y nombra como albacea a don Manuel Tobar Marín, que era arcipreste de la Iglesia de San Miguel. La marquesa de Sales recalcará este punto: el instruir a los jóvenes más necesitados de su pueblo. En este sentido, su labor, sin duda alguna, fue encomiable.
El 25 de febrero de 1929 llegaron a Morón de la Frontera los hijos de Don Bosco. La primera comunidad religiosa se componía de los siguientes miembros: do Fermín Molpeceres, en calidad de encargado o administrador; don Ricardo Acuña, prefecto; don Baldom
ero Pagán, confesor; el sacerdote don Francisco Casado y el coadjutor don Manuel Jurado, profesores; don José Ruiz Olmo y don Francisco Villanueva, clérigos. Desde los primeros momentos, como era de esperar, hay una gran afluencia de solicitudes de matrículas.
La inauguración oficial y solemne del colegio tuvo lugar el día 8 de diciembre, día de la Inmaculada. El boletín salesiano se hace eco de esta nueva fundación, dedicando un grato recuerdo a la Marquesa de Sales y a Don Manuel Tobar.
El primer director de esta casa fue D. Gregorio María Ferro (1929-1935), que posteriormente ocuparía este cargo a partir de 1937. Su primera etapa coincide con unos años difíciles, de hambre y de luchas sociales. A pesar de estas dificultades, los salesianos supieron en todo momento sobreponerse a este estado de cosas, desarrollando una labor extraordinaria no sólo con los jóvenes sino también con los sectores más débiles de la sociedad moronense.
En 1935, con un ambiente político muy enrarecido, llega al colegio el nuevo director, D. José Limón y Limón. Le tocó vivir la etapa más difícil, ya que sufrió de lleno la guerra civil hasta el punto de perder la vida, al igual que el coadjutor  D. José Blanco Salgado.

 

Al terminar el conflicto, la Inspectoría de María Auxiliadora nombra nuevamente como director de este centro a D. Gregorio María Ferro, que se propuso como primera meta levantar el colegio después del estado ruinoso en el que había quedado.

Le sucede en el cargo D. Luís Hernández Ledesma (1942-1948), que llevó a cabo la terminación del Templo votivo de María Auxiliadora, iniciado con tanto fervor por su antecesor, y concluyó asimismo todas las obras del período anterior. Durante su periodo como director, se constituyó en 1945 la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, integrada fundamentalmente por antiguos alumnos.
La década del los cincuenta corresponde al mandato de tres directores: D. Ricardo Acuña (1948-1954), D. Francisco Flores (1954- 1955) y D. José Crispín Sáez (1955-1961). El objetivo fundamental de este periodo será la realización de una Escuela de Formación Profesional.
En los años sesenta, se suceden tres directores, con  D. Manuel Ruiz Guerrero (1961-1963) se concluyó el pabellón- que posteriormente sería la Formación Profesional-, iniciado por D. José Crispín. Con D. Rafael Infante de Cos (1963-1967), el Excmo. Ayuntamiento de Morón concedió la Medalla de Oro de la Ciudad y el título de Hija Adoptiva a la Congregación Salesiana en 1964. También en su período como director se fundó, en 1964 la Agrupación del Stmo. Cristo de la Bondad en su Entrada en Jerusalén. Con don José González Gómez (1967-1970), se inició un ambicioso proyecto: la construcción de un complejo polideportivo y dos campos de fútbol, a cargo de don Aurelio Gómez Millán, proyecto que no pudo ejecutarse del todo a pesar de la buena disposición para acometerlo.
En los años setenta, D. Manuel Feijoo (1970-1976) y D. Cipriano González (1976-1980) continúan los proyectos deportivos de la etapa anterior. En la década de los ochenta, tres directores rigen los destinos del colegio: D. Enrique Baena (1980-1982), D. Antonio Prieto (1982-1986) y D. Rogelio Cuadrado (1986-1990). Este centro, al igual que todas las casas salesianas, conmemoró dos efemérides fundamentales: el Centenario de la primera llegada de los salesianos a España (1981-1981) y el Centenario de la muerte de don Bosco (1888-1988).
Finalmente, en la etapa más reciente durante el directorado de  D. José Alba Montesinos (1988-1994) se conmemoró el cincuenta aniversario de la inauguración de la Capilla de María Auxiliadora; con D. Ángel Pérez Curiel (1994-1998) se terminó las pistas deportivas; fue D. Valentín Fuentes (desde 1998) cuando se inauguró el nuevo polideportivo del colegio el 31 de enero de 2001; por su parte D. Antonio Garrido comienzan los preparativos encaminados a conmemorar los setenta y cinco años de la presencia salesiana en Morón de la Frontera; finalmente fue D. Francisco José Pérez, el 8 de diciembre de 2004, el que da  lugar la solemne clausura de esta efemérides.
Tras la salida del director local D. Francisco José Pérez, le sucede D. José Mario que vuelca su esfuerzo en la renovación de la capilla dando una imagen moderna y  cercana a los fieles locales y a los cientos de alumnos que han pasado por nuestra casa. Actualmente dirige la obra el primer director seglar de nuestra historia, D. José María Santos, tras la marcha de la comunidad en el año 2015. Profesor jubilado de la casa de Triana, con una trayectoria salesiana impecable y que está dedicando sus esfuerzos en mejorar una casa afectada por el tiempo y la cantidad de ideas sin una misma dirección que han ido ocupando esta nuestra casa. Desde su entrada en 2014 promovió la mejora de las instalaciones deportivas, la instalación de una cantina para uso escolar, la renovación completa del teatro, la mejora de la imagen de la entrada y de las aulas de los alumnos, y sobre todo cabe señalar que con motivo del bicentenario del nacimiento de San Juan Bosco, hizo encargar la nueva imagen de nuestro fundador al imaginero D. Manuel Martín, imagen que ya preside la capilla de María Auxiliadora.

Don Bosco nació en I Becchi (pequeña aldea campesina situada cerca de Turín, al norte de Italia) el 16 de agosto de 1815. Recibió el ejemplo y los consejos de su madre Margarita. Vivió una infancia en pobreza y solidaridad. Mamá Margarita fue su primera educadora en lo humano y en lo cristiano.

Conjugó en la educación de su hijo cariño, fe y exigencia. A los nueve años intuyó en un sueño que su vida estaría dedicada a la educación de los jóvenes pobres y abandonados. Comenzó a prepararse para esta tarea desde niño. Cuando apenas contaba con diez años entretenía a otros compañeros con juegos, narraciones, números de prestidigitación, malabarismos… y una sencilla instrucción religiosa.

Su vida iba decantándose hacia esta misión. Trabajó en diversos oficios para pagarse sus estudios. Ordenado sacerdote en 1841, comienza a ayudar a los jóvenes más pobres que llegaban a Turín a buscar trabajo en plena revolución industrial. Según citan autores de la época: “Las casas de los obreros están en sótanos, en cada uno de los cuales se hacina toda la familia, sin aire, sin luz, mal olientes por la humedad y los desagües. En las fábricas no hay medidas higiénicas, ni más reglamento que el impuesto por el patrón. Un salario de hambre permiten una nutrición totalmente insuficiente.

Su comida ordinaria es verdura hervida… A la fábrica van también los chiquillos, y su vida se convierte en un tormento. La fatiga (aguantan en pie toda la jornada laboral, está prohibido sentarse), el sueño, el cansancio provocan frecuentes accidentes laborales. Por otro lado, la vida de estos pequeños desgraciados resulta muy corta”

Don Bosco busca la forma de mejorar la situación en la que se halla la juventud. Y para los jóvenes abandonados y necesitados crea nuevas iniciativas que garanticen una educación integral que les permita crecer con dignidad. La primera iniciativa fue el Oratorio, un prado o un patio amplio en el que los jóvenes pueden correr y expansionarse. Luego vendrán las escuelas nocturnas, los talleres profesionales para aprendices, una catequesis adaptada a los muchachos, los primeros contratos de trabajo, la imprenta… Con todos estos medios Don Bosco busca formar “honrados ciudadanos y buenos cristianos”. Y la casa de Don Bosco se convierte en familia que acoge, patio para jugar, escuela que prepara para la vida y parroquia que evangeliza. Más tarde, para proseguir la labor iniciada funda la Congregación Salesiana, que se extiende por toda Italia, Francia y España. Entre sus jóvenes Don Bosco encontró a los mejores colaboradores y a los primeros salesianos que propagarán su obra por todo el mundo. Amplió el horizonte y envió a sus salesianos a Latinoamérica. La obra salesiana borra fronteras y adquiere dimensión de mundialidad junto a los jóvenes y las clases populares.

Don Bosco es el educador de los tiempos modernos: se hace escritor y editor, predica, confiesa, orienta la labor pedagógica con el Sistema Preventivo, propaga la devoción a María Auxiliadora, publica libros de ciencia y religión… y se muestra siempre cercano y amigo de los muchachos. Junto con María Mazzarello fundó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora para atender a las muchachas necesitadas

Amplió su obra educativa integrando en ella a los seglares, a quienes orientó en su misión apostólica a través de los Cooperadores Salesianos. Don Bosco murió el 31 de enero de 1888. El médico que le atendió afirmó que su organismo estaba “gastado como un traje”. Todos los minutos de su vida habían estado dedicados a los jóvenes. Con motivo del centenario de su muerte, Juan Pablo II le declaró: Padre y Maestro de la juventud”.

Recordad que la educación depende de la formación del corazón. San Juan Bosco

Procurad siempre ir adelante con el buen ejemplo María Mazzarello

“Estoy muy agradecido a la familia salesiana por lo que han hecho por mí y mi familia” Papa Francisco

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